
En ocasiones
nos movemos, nos detenemos...
...somos.
Nos despertamos cobardes
como verdades incontestables,
ausentes, desvanecidos,
en los intersticios
con que nos observa la vida.
Hasta llegar a alcanzar
la lejanía que atesoran las cosas;
en un inabarcable haz de luz desertora,
que es capaz de hacer temblar
las membranas con las que envolvemos
nuestra más humilde voluntad.
En otras ocasiones
nos guarecemos, nos perdemos
...desistimos.
Permanecemos demolidos
por el peso que conllevan los juicios
de lo que nunca hemos sentido.
Hasta llegar a atestiguar
con la fábrica que es la piel...
...la infinitud del deseo redentor
que es capaz
de hacer tambalear la solidez
de la tesitura de la razón.
Con la que, a veces, estrechamos
los pasillos que nos conducen
a la frescura de la pasión.
Laberintos de cómplices veredictos
que se ciernen y nos conmueven
tanto como la caricia de tu voz.
O la ceniza que habita mi aliento
desde que tus labios hirviendo
mordieron mi corazón.
Otto..)
Las ciudades se pliegan, se despliegan, suceden
y se abren nocturnas, como fotografías,
a través de los hechos, las desapariciones,
existiendo dos veces, temblorosas, verbales,
a la luz del pasado y a los pies de la vida.
.../...
Ciudad de los olvidos, la fábrica del Sur,
conmigo vas, mi corazón te lleva.
(Luis García Montero)
a través de los hechos, las desapariciones,
existiendo dos veces, temblorosas, verbales,
a la luz del pasado y a los pies de la vida.
.../...
Ciudad de los olvidos, la fábrica del Sur,
conmigo vas, mi corazón te lleva.
(Luis García Montero)