Ahí afuera...
Me espera una ultrapecosa entelequia,
un instante
inasible...
con aroma de eternidad.
Aquí adentro...
Me aferro a
mi incauta ambición de misterio,
prensado por el paso trashumante del
tiempo.
Sigo planeando el atraco certero
a una sucursal de tu
corazón,
la que a mí me corresponde.
Razón de mi devoción
donde mi
centro de gravedad se esconde.
Voy lamiendo la secreta
combinación,
licuando el musgo de la cerradura,
disolviendo dudas con las
letras de mi nombre.
En una cuenta atrás
que trasunta tus
vertientes
y alamedea por tus trópicos.
Que va dejando su simiente
en
trazos de paraísos utópicos.
En una cuenta sin final
que desemboca
todo su caudal
en el delta de agua salada
que ansía sin tregua mi
paladar.
Para bañarse en el nuevo instante de eternidad
que me brinda
el almíbar de tu nombre,
escrito sobre el húmedo ventanal
donde cauterizo
las arrugas de mi frente
en noches de manso respirar.
Recordando los
momentos...
en que nos vimos de verdad.
Cuando acaricé tu imagen
durmiente,
aquella que quisiera contemplar
sin prisa ni pausa,
en todas
y cada una de las lunas llenas
que nos quedan por domesticar
hasta el día del
juicio final.
Mientras tanto...
Sigo lamiendo la secreta combinación
errante
del paradigma de tu alma noble,
guarecida tras un velado
turbante.
Nómada que un día atisbó este desierto...
Mar de dunas con
incauta ambición de misterio...
y la firme vocación,
de convertirse en
todo tu universo.
J.angel)